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Un sueño argentino
 
DONMARIO es, por excelencia, un sueño argentino hecho realidad.
La mayoría de los socios fundadores de DONMARIO comparten una historia que se remonta a su niñez. Más allá de la obvia relación entre los hermanos Alejandro y Gerardo Bartolomé, las experiencias que muchos de los socios de la empresa vivieron en sus primeras dos décadas de vida, permiten atisbar el orígen de buena parte de lo que podría definirse como el espíritu de la empresa.
Incluso el nombre DONMARIO empezó como una broma, de esas que suelen hacerse entre hermanos con el propósito de destacar aquello que al otro le molesta. Pero ninguno de los socios podía imaginarse por ese entonces, que el segundo nombre de Alejandro Mario Bartolomé se convertiría en el apelativo al que se amarraría una primera y singular filiación: el club de "LOS MARIOS", donde todos comenzaron a apodarse "MARIO" unos a otros, como si se tratase de una mulettilla. Esta misma muletilla le daría el nombre a lo que hoy es DONMARIO Semillas.
La compañía inicia su historia en 1980, con un capital de U$S 15.000 y miles de sueños. Con el correr de los años, y producto de un esfuerzo que no reconocía otra cosa que el trabajo duro, DONMARIO fue creciendo, transformándose en una de las primeras compañías argentinas en apostar fuertemente al desarrollo de la soja, hoy un soporte vital de la economía de la Argentina y toda la región.
Fue el desarrollo de esta variedad lo que catapultó a DONMARIO Semillas hacia una posición de liderazgo en soja, escribiendo una importante parte de la historia del crecimiento de este cultivo en nuestro país.
Posteriormente, la compañía comenzó el desarrollo de otros cultivos, como ser Trigo, Maíz y Girasol, desarrrolando también negocios forrajeros por medio de una alianza con Forratec, y energía Biodiesel, a través de Bioenerg.
En la actualidad, DONMARIO es una compañía sólida, en crecimiento, con un equipo humano incomparable y una visión hacia el futuro basada en esos mismos valores que le dieron orígen hace más de 22 años atrás.